Carmelo Gómez regresa al Teatro para despedirse

Llenó las semana pasada 5 días seguidos el Teatro Lope de Vega de Sevilla durante la representación del Alcalde de Zalamea, de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. El actor Carmelo Gómez encarna la figura de ese primer concejal que creara Calderón de la Barca. Un gigante en Zalamea. 35 películas, 13 obras de teatro y numerosos, y prestigiosos premios avalan a un profesional de gran talla, y no sólo física. Ha anunciado que se retira del cine «porque no quiero saber más de ese mundo» y que lo hará en el teatro, donde empezó su carrera.

 

Es Pedro Crespo en el Alcalde de Zalamea

Compañía Nacional de Teatro Clásico

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El actor, Carmelo Gómez.

A Carmelo Gómez (Sahagún, León, 1962) lo hemos visto más en el cine que en el teatro. Pero ello no significa que sea un novato sobre las tablas. De hecho, su carrera profesional comenzó en La Regenta del grupo ‘La Garufa’, en Salamanca, ciudad a la que emigró procedente de su León natal, donde empezó trabajando en el campo junto a su padre. Esas raíces humildes y campesinas aparecen en Pedro Crespo -posteriormente Alcalde de Zalamea- el habitante más conocido del pueblo. Un personaje con personalidad y carisma, y difícil de interpretar. Algo parecido le debió pasar cuando tuvo que meterse en la piel de un terrorista de ETA en Días Contados (1994), dirigida por Imanol Uribe. Sólo con esta cinta consiguió el Premio Goya a la mejor interpretación masculina protagonista; el premio de la Unión de Actores como mejor interpretación protagonista de cine; el Premio Ondas al mejor actor; o el Fotograma de Plata como mejor actor de cine. Su curriculum dentro de la gran pantalla es extensísimo y brillante. Como lo es su interpretación en el Alcalde de Zalamea. Sin trampa y con mucho cartón, Carmelo Gómez se nos muestra como en sus orígines en la vida real. Un hombre de pueblo, que se crece y se rebela ante la adversidad que representa la presencia del ejército.

Después de muchos años apareciendo como un actor consagrado en el cine, lo vemos subido a un escenario. Y se hace patente su formación en la Escuela de Arte Dramático, en Madrid. Pedro Crespo es Carmelo Gómez y éste el alcalde de Zalamea. Esa fuerza, energía, personalidad y credibilidad que transmite a través de la pequeña pantalla, la vuelca sobre un escenario. Donde no hay cortes, ni un montaje. Ni trampa ni cartón. Carmelo Gómez en estado puro. Con ese tono de voz grave, que hace aún más creíble su interpretación.

GRA365. GIJÓN. 15/11/2013.- El actor Carmelo Gómez pronuncia unas palabras tras recoger el Premio Nacho Martínez, hoy durante la gala de apertura de la 51 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón. EFE/ Alberto Morante
Carmelo Gómez, tras recoger en 2013 el Premio Nacional de Cinematografía Nacho Martínez, durante la gala de apertura de la 51 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón, donde hizo una emotiva mención a los mineros. Foto: EFE/ Alberto Morante

En el cine, un cartel con el nombre de Carmelo Gómez fue siempre sinónimo de éxito. Actor respetado y admirado por la crítica, y por el público. Y, seguramente, también envidiado. Pero sin duda, honrado. Que en los tiempos que corren es una gran virtud. Dice lo que piensa sin importarle lo que piensen. Sus últimas declaraciones públicas muestran un hastío del cine y de la fama que otorga. «Dejo el cine. No quiero saber más de ese mundo». Ha vivido una especie de montaña rusa como actor. Pasó de estar en la cima a caer al vacío, como él mismo reconoce en una entrevista concedida al diario El Mundo, hace un año. Se siente decepcionado con la profesión que tantos premios y distinciones le ha dado. Ha anunciado que quiere despedirse en el teatro y después ejercer como profesor de interpretación. Desde aquí aplaudo su valentía. Estamos encantados que nos siga enseñando y como se suele decir… ¡Mucha mierda, Carmelo!

 

 

 

Sobre su papel como alcalde de Zalamea

Pedro Crespo es ese personaje que las circunstancias lo convierten en regidor de un pequeño pueblo que acoge a los soldados que luchan en el tercio de Flandes. Un hombre de sólidos principios y firme en su manera de actuar. Pertenece a la clase social de los villanos, aquéllos destinados durante la época a servir a los nobles. El ejército estaba incluido dentro de estos últimos. Un hombre que representa la lucha de los más débiles, de los que menos tienen, frente a los ricos y poderosos, pero que no se amedrenta ni ante nada ni ante nadie. Pedro Crespo, alcalde de Zalamea, es también padre y protector. Sabe encarar las situaciones difíciles. Es una buena persona, pero no está exenta de carácter y personalidad. Recibe de forma hospitalaria -no le queda otra- a los soldados que llegan hasta Zalamea. Les ofrece su casa y toda clase de atenciones. El honor frente al orgullo. Pedro Crespo de igual a igual con Don Lope de Figueroa (Joaquín Notario), quien reclama la presencia de lsabel (Nuria Gallardo), la hermosa hija del alcalde de Zalamea. Nada hace presagiar el giro de los acontecimientos. Crespo, en señal de gratitud al ejército por elegir su casa para hospedarse, ofrece a su hijo Juan (Rafa Castejón) para incorporarse como soldado en el frente. Alcalde y noble sellan una amistad que poco después se truncará por la ofensa y la agresión de la que es objeto la amada hija del alcalde. Un insulto que es agraviado por Pedro Crespo, quien se toma la justicia por su mano, sin esperar a que ésta resuelva. El alcalde de Zalamea en su papel de regidor y sobre todo de padre, venga a su hermosa Isabel, vejada por el capitán Don Álvaro de Ataide (Jesús Noguero), al que da muerte.

Texto: Fernando Chacón