Nico Munuera pinta para que veamos mejor

Una de las pinturas de la exposición de Nico Munuera, en la Galería Rafael Ortiz.

Todo artista aplaudido en la pista mediática debe de tener unas capacidades extraordinarias para la reinvención. Una reinvención que puede ser entendida de diferente manera, según el espectador que la observe o el artista que la procese.

El asunto es que el término reinvención en muchos casos es entendido solamente desde la epidermis. Este
reinventarse se simplifica, en el caso de la pintura, como un cambio formal en el que se perciben diferencias en la  superficie del lienzo respecto a momentos anteriores.

Estas variaciones son etiquetadas la mayoría de las ocasiones, como una “evolución hacia adelante” y son valoradas como un aspecto positivo. De este modo el artista tiene la posibilidad de regenerar su discurso, incluso quizá, el mercado de temporada.

La cuestión es que la verdadera acepción de reinventar es “hallar o descubrir algo nuevo o no conocido”. Desde esta definición, a mi parecer, en cuanto a la relación con el arte, el término está vinculado directamente al conocimiento y lo duradero y no al entretenimiento o la sorpresa.

Desde estos planteamientos y con la pintura como vehículo, deriva esta exposición en torno a la idea de origen. Huellas sutiles sobre el crudo lino visible en sus límites, dan fe de esa profundización y búsqueda en cuanto a la fisicidad de la pintura.

Esta serie de obras que se presentan en la Galería Rafael Ortiz están vinculadas con la idea de aprendizaje y las capacidades perceptivas a través del sentido de la vista. Algo que se podría sintetizar en el hecho de pintar para ver mejor.

La relación entre parejas de obras mediante dípticos posibilita la comparación y apreciación de los matices mínimos que puede esconder lo aparentemente homogéneo. También los títulos de las obras, escritos en latín remitiendo así al origen del lenguaje, son palabras relacionadas siempre con el sentido y el acto de observar.

La idea de límite físico, permanentemente presente, que genera la propia fisicidad de la pintura, evidencia nuestras actitudes perceptivas tanto dentro como fuera del cuadro. Porque la pintura realmente es un medio de conocimiento, es un acto de reflexión e introspección. Nos posibilita entender nuestro entorno de una manera muy concreta y al mismo tiempo totalmente intangible. Tiene la capacidad de llevarnos desde la exactitud de la forma y el color hacia
conceptos muchos más globales.

Aun siendo hoy tan simple, tan muda y tan vieja, la pintura nos revela la importancia de mirar y contemplar como vía para detener el tiempo que se nos escapa. Tiempo que se convierte en un espacio de profundización y búsqueda de conocimiento. Un conocimiento que se sumerge hacia una esencia que posiblemente sea común a todos nosotros. Un lugar raíz, como la pintura, donde podemos llegar a intuir el origen de todo lo posible.

Nico Munuera 2017

Exposición ‘El origen de todo lo posible’

Nico Munuera

Galería Rafael Ortiz. Calle Mármoles, 12

Del 12 de enero al 27 de febrero

Horario: L-V: 10,00 – 13,30 / 18,00 – 21,00 h.
S: 10,00 – 13,30 h