Tres estrenos de cine europeo al día

Pity, película griega en el SEFF.
Una imagen del protagonista de la película griega Pity, que forma parte de la Sección Oficial del SEFF 2018.

SEFF Día 4

Juan Antonio Hidalgo, crítico de cine y cinéfilo

Con el comienzo de la semana, comienza también el verdadero maratón del concurso, con tres películas de Sección Oficial por día. Lo que deja aún menos tiempo para secciones paralelas. Pero vamos al grano.

En Pity su protagonista es un abogado que vive hundido en la tristeza desde el accidente que dejó en coma a su mujer. Su vecina, que le tiene lástima, que siente pena por él, le lleva tartas, cenas… Él contesta a todos los que le preguntan por ella que los médicos no le dan esperanza, y todos agachan la cabeza, sin saber qué decir.

Pero un día, su mujer, inesperadamente, despierta. Todo podría ser felicidad y alegría, la recuperación de una vida normal. Pero estamos en una película griega, escrita (además) por Efthymis Filippou, guionista habitual de Lanthimos (el más conocido y premiado de la nueva hornada de realizadores griegos), con lo que ya tenemos claro que no va a ser un camino de rosas.

Y nuestro protagonista solo es feliz cuando se siente infeliz, es un yonki de la compasión, de que los demás sientan compasión por él. Y descubrirá que no tiene límites para ello.

El cine heleno nos tiene acostumbrados en los últimos años a un humor negrísimo que lo recorre todo, a ocultar algo perturbador, siniestro, oscuro, por debajo de una aparente normalidad. Y aquí no iba a ser menos.

Babis Makridis, su director, reconoce que él mismo tiene un amigo de toda la vida que fue la fuente de la que se bebió para crear la historia, un tipo instalado en la comodidad de dar pena.
2 ©_Margarita_Nikitaki Pity es una película con muchas contradicciones. El ambiente es luminoso, frente a la oscuridad de la historia. El protagonista lo tiene todo (más aún si tenemos en cuenta la situación del país griego), pero para él eso no importa, es totalmente infeliz.

Es esta una comedia muy negra en la que la música desempeña un papel fundamental, y juega también a esas mismas contradicciones, estando más al servicio de la descripción del momento que está pasando el protagonista, independientemente de que lo que esté ocurriendo vaya por otro lado.

Así, si mientras estando en casa y su mujer en el hospital suenan melodías alegres, cuando ésta despierta lo que se oye es el Requiem de Mozart.

El protagonista (Yannis Drakopoulos) es un cómico conocido en su país por sus monólogos (de hecho fue elegido precisamente por ello, “todos los actores cómicos son personas tristes”, nos dice Makridis).

La historia funciona, entre otras cosas, por la austera interpretación de éste. Ni un sólo gesto se refleja en su rostro, y a pesar de ello consigue transmitir la felicidad que le da su eterno luto.

Un humor negro que hace que el espectador se sienta incómodo ante la sonrisa (o la carcajada) que acude a su rostro en muchos momentos de esta fabulosa cinta. Una espiral en la que este abogado insatisfecho se mete de lleno, y un final que devuelve la felicidad (o no), y la esperanza de que (a pesar de todo) la vida es bella. Es irónico, claro.

Con La casa de verano, la última cinta dirigida por Valeria Bruni-Tedeschi (que, por cierto, fue homenajeada en el SEFF hace un par de años), ocurre todo lo contrario.

La cinta (eminentemente autobiográfica, su hija y su madre hacen, además, de esos mismos papeles) es insustancial, terrible, un batiburrillo que no funciona en ninguno de sus aspectos a pesar de tener un reparto de nombres de primer nivel dentro del cine francés.
LES ESTIVANTS 2
Bruni-Tedeschi interpreta a Anna, una cineasta que después de que su marido la deje por una joven modelo de lencería acude a la casa del título, en la Costa Azul, junto a su familia (a cual más desquiciado) para descansar, olvidarse de la ruptura, y escribir su nueva película.

Por muy comedia paródica y autocrítica que sea, la película no funciona. Mal rodada, mal interpretada, mal escrita… Hay situaciones (y personajes) que provocan vergüenza ajena.

Es una historia que resulta confusa en muchos momentos y la mayoría de los diálogos (se cambia de tema y de secuencia casi sin orden ni concierto) no logran más que agotar y aburrir al espectador.

La tercera cinta del concurso de hoy fue Idrissa. Crónica de una muerte cualquiera, documental español sobre la muerte en extrañas circunstancias de un joven inmigrante (el guineano Idrissa Diallo, tenía 21 años) en un CIE de Barcelona en 2012. De aquella muerte nunca se supieron las razones (se alegó muerte natural), nadie se hizo responsable y el caso se pretendió silenciar, bloqueando el acceso al expediente y denegando la posibilidad de repatriar el cadáver.

Xavier Artigas y Xapo Ortega ruedan el proceso de búsqueda de información, intentando reconstruir lo que ocurrió, retratando la realidad de aquellos que llegan a otro país en busca de un futuro arriesgándolo todo, y tratando de conseguir enviar los restos de Idrissa a su país, para que los suyos lo puedan enterrar.

Pero se quedan en lo superficial, no hacen la sangre que podían haber hecho buscando realmente culpables, aquellos que negaron la ayuda necesaria, que ocultaron lo ocurrido, que no ayudaron a solucionarlo.
STILL-HOTEL
La proyección se vio algo enturbiada por el hecho de que (horas antes del estreno) se supiese que la embajada española en Guinea-Conakry denegó el visado al hermano del fallecido, que venía precisamente al estreno en el SEFF.

La sueca-danesa Border, dentro de la Selección EFA (por cierto, es una de las favoritas de los próximos premios de la Academia Europea de Cine), es otra comedia negra y perversa que ganó la sección Un Certain Regard en el último Cannes.

Con punto de partida en esa fascinación por lo feo que muchas otras veces ha reflejado el cine, Border tiene un poco de comedia romántica, mucho de drama, y algo de cuento de hadas trágico, con una historia que se va volviendo cada vez más negra y violenta hasta llegar a su fascinante (y bello) final.

La protagonista es Tina, una agente de aduanas a la que un defecto cromosómico le ha dado un físico ‘peculiar’ y un extraordinario olfato que la hace capaz de detectar el miedo y la culpabilidad en las personas, por lo que detecta a todo aquel que entra en el país con productos o material ilegales.

Un día aparece Vore, un hombre sorprendentemente parecido a ella, y queda fascinada al ser incapaz de captar qué se esconde tras esa aura de seguridad, aunque sabe que no es nada bueno. Entre ambos surgirá una peculiar relación y Tina irá haciendo descubrimientos sobre la humanidad y sobre ella misma que cambiarán su modo de ver la vida como hasta ahora.
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Al contrario que en cintas previas protagonizadas por ‘monstruos’ (Freaks es el más claro exponente, pero también El hombre elefante (David Lynch) o El hombre que ríe (Paul Leni) entre otras, donde esos seres deformes eran maltratados por una sociedad incapaz de reconocer la humanidad bajo la diferencia; y se demostraba que los monstruos eran los ‘normales’, aquí Tina es totalmente aceptada por sus compañeros, sus vecinos, es incluso respetada. Lo cual es un avance.

La cinta, basada en un relato del autor de Déjame entrar (también fantásticamente adaptada al cine), se mueve con fantástica elegancia entre el drama, el realismo social y el terror sobrenatural. Tiene dosis de humor negro, sexualidad, curiosos gustos culinarios y posee diversas lecturas, pero logra equilibrar todos sus diversos ingredientes para, más allá de evitar que patine, conseguir un resultado que enamora.