Calamaro, a hombros y por la Puerta Grande

El músico argentino, Andrés Calamaro, ofreció un soberbio recital dejando claro que es el máximo exponente del rock latino.

El cantante argentino, Andrés Calamaro, en uno de los momentos de su concierto del pasado sábado en FIBES.

Concierto Andrés Calamaro

Gira Cargar la suerte

8 de junio de 2019

Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla (FIBES)
Testigo directo: Fernando Chacón

Andrés Calamaro volvió a Sevilla tres años después y regresó para enamorarnos a todos. ‘Tú me estás atrapando otra vez’, la canción con la que finalizó un apoteósico concierto de dos horas intensas, podría ser un buen titular. «Calamaro, un golazo por toda la escuadra», otro, considerando su pasión por el fútbol. Pero no podemos pasar que Andrés Calamaro es un gran aficionado a los toros. Y como ya dijo en una entrevista esta semana: «El silencio de la Maestranza es como el rugido de Anfield». No en vano, sus hinchas le gritan ‘torero, torero’, mientras él les responde con naturales.

Andrés ya contaba con el respaldo de la grada antes de salir a la cancha. Y es que señores, no lo olvidemos: Calamaro es un músico futbolero y torero. «Es un hombre pegado a una pelota de cuero…» al que le ponemos un micrófono y un piano. El Maradona músico. Y en Sevilla volvió a hacer diabluras con su pelota particular para delirio del respetable.

Interpretó 25 canciones sin apenas respiro en su particular Maestranza. Con la diferencia de que Calamaro no es un músico para ver sentado. De hecho, casi nadie lo estuvo durante el concierto. Y quien lo hacía se perdía lo que tenía delante, porque los ‘hinchas’ no dejaban de saltar y alzar los brazos. El auditorio parecía la Bombonera de Boca. Hubo gente que llegó tarde y entró como en una fiesta. Y es que lo era.

La locura se apoderó del graderío -valga en esta ocasión el símil futbolístico- cuando los jugadores pisaron su verde particular. Andrés Calamaro, con un pañuelo negro estilo samurai o pirata, como gusten, acompañado de cuatro extraordinaros músicos. Todos eran argentinos. De hecho, hasta el de la megafonía hablaba con el acento de Carlos Gardel. Olía a tango universal. Éste fue el quinteto galáctico: Germán Wiedemer en teclados, Mariano Domínguez al bajo, Julián Kanevsky en guitarras, y Martín Bruhn en la batería; y Andrés…

Calamaro se colocó y comenzó su gran espectáculo con ‘Right place, wrong time’, de ‘Dr. John’, fallecido el día anterior, «el más sevillano de los músicos de Estados Unidos», dijo. Aquí ya tenía al público a sus pies. «Tocar en Sevilla es una enorme responsabilidad», añadiría poco después. Pero el argentino, artista carismático donde los haya, y tras el homenaje inicial, arrancó por todo lo alto. Sonaban los acordes de ‘Alta Suciedad’ y la gente enloqueció. Esto no había hecho más que comenzar…

Calamaro, frente a los teclados, interpretando una de sus canciones. Foto: Las 2 sevillas.

Tras tocar el primer single del segundo álbum de rock más vendido en Argentina, siguió con ‘Verdades afiladas’, correspondiente a su último disco, ‘Cargar la suerte’, que presentaba en Sevillla. Músico de honestidad brutal, continuó con ‘Clonazepán y circo’, y sin respiro, un regreso al pasado. Con ‘A los ojos’ comenzaba su guiño a Los Rodríguez, la mítica banda con la que se dio a conocer en España junto a otro genio, Ariel Rot.

El ambiente en la grada ya estaba en su punto álgido y Calamaro continuaba su partido con ‘La parte de adelante’, que comenzó a llenarse de gente para ver a la leyenda argentina de cerca; ‘Algún lugar encontraré’ a la que siguió ‘Cuarteles de invierno’; ‘Las oportunidades’ y ‘Falso L.V.’

Y a partir de ahí, el gran Andrés nos quiso mostrar a todos su sentimiento, su amor por Sevilla, incondicional a todas luces, y nos regaló «Vuelvo a Sevilla, la vida son los colores. Para lo demás, no hay prisa», provocando una catarsis. ‘Tuyo siempre’ fue la antesala de la presentación del resto del plantel titular que le acompañaba. Mención especial a sus ‘sevillanos clave’: Morante de la Puebla, Silvio Fernández Melgarejo, y Jesús Quintero, al que echaba de menos de ver en televisión.

De repente, la sala se tornó más oscura que en toda la noche y una luz blanca iluminaba a Calamaro sentado, recitando: «… Por pedir, me quedo en Sevilla a vivir el año entero en el Guadalquivir, torero». Ovación alargada.

La locura se volvió cordura y dolor. ‘Cuando no estás’; ‘Tránsito lento’, ‘Los aviones’… Ese guiño y homenaje a los barrios más desfavorecidos de Argentina y del mundo, ‘My Mafia’; Dos himnos: ‘Mi enfermedad’; ‘Crímenes perfectos’… «La moneda cayó por el lado de la soledad», nos dejó el corazón encogido a todos.

Y después… Después el auditorio fue ese ‘Estadio Azteca’ donde Argentina se convirtió en campeona del mundo de fútbol con Maradona, en 1996. Fue el exponente máximo de que allí se jugaba una final. La locura y el éxtasis se apoderó de unos ‘hinchas’ que vivían con pasión un encuentro único. A esa hora, ya no había un segundo de respiro y Calamaro, además, no lo permitió. ‘La milonga del marinero y el capitán’ transformó el auditorio en una discoteca gigante, con todos bailando sin dejar de mirar al comandante de la parte de adelante. A continuación, Andrés nos clavó el estoque en todo lo hondo con ‘Paloma’. Y se fue… pero la grada se llenó de palmas por sevillanas gritando ‘Oe, oe, oe, Andrés, Andrés..’ y Calamaro volvió acompañando él mismo esas palmas. Flamenco con gracia, con acento argentino.

Los bises llegaron con la historia de ‘La flaca’ y remató con ‘Me estás atrapando otra vez’. ¡Y otra, y otra, y otra, Andrés! Aquí se terminó una historia de amor eterna de dos horas: la de Calamaro con Sevilla y la de Sevilla con Calamaro.

¡Qué bueno que viniste. Gracias, Andrés!