Morgan y su capitana

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Morgan en la Sala Custom
Uno de los momentos de la actuación de Morgan en la Sala Custom, donde presentó su último disco: 'The river and the stone'.

Testigo directo: Fernando Chacón Frías

1. Morgan es más que una súper voz
2. Canciones de ayer y de hoy

Morgan volvió a removernos con la música. Tres años después de aquella memorable actuación del 18 de enero de 2020 cuando ninguno podíamos imaginar que el mundo iba a cambiar por un virus, la excelente banda madrileña volvió a tocar en la Sala Custom dentro de su gira ‘The River Tour’. Presentaba su último disco, el tercero tras ‘NORTH’ (2016) y ‘AIR’ (2018). Se había colgado un nuevo ‘soldout’ en este fantástica caja de resonancia para vivir la música, para disfrutar de los sonidos y sobre todo para escuchar la voz portentosa de una chica que tiene diferentes tonos cuando habla que cuando canta. Es asombroso. Si cierras los ojos es como escuchar a la gran Aretha Franklin o a una más contemporánea e inolvidable Amy Winehouse. Oír cantar a Carolina de Juan, ‘Nina’, es un subidón que te levanta cuando estás en el suelo (‘Wake me up’), y ya no te quedan fuerzas. Esa voz repleta de fuerza y energía te impulsan a seguir.

La banda madrileña Morgan, durante su actuación en la Sala Custom de Sevilla.

Debo reconocer que siento algo especial cuando escucho a Morgan en directo. El sábado se volvió a repetir, después de que el pasado mes de mayo los viese en el Estadio de La Cartuja actuando de teloneros del gran Fito Cabrales y los Fitipaldis. Sin embargo, me gustan más los conciertos en los espacios cerrados que en los abiertos, porque el sonido (fundamental) queda recogido entre cuatro paredes y traspasa. La música te tiene que hacer sentir emociones sean del signo que sean. Volvió a pasarme desde que los madrileños -encantados una vez más de tocar en Sevilla, como así lo expresó en repetidas ocasiones Nina- salieron al escenario y sonaron los acordes de ‘Alone’. No sé, suena diferente, y por eso me gusta tanto. Mi mente volvió a aquel mágico 18 de enero cuando los vi por primera vez…

Morgan es más que una súper voz

Y rememoré por un instante aquel momento en que me atrajo la voz de esa desenfadada chica con el pelo rubio, que le gustaba hablar e interactuar con el público. Esa calidez te entra muy dentro. No hay más que escucharla cantar ‘Sargento de hierro’, para mí mucho más que una canción; un himno, una terapia a la que apuntarse. El público la espera como si se tratara de una oración y canta ese estribillo que dice así: «Cúrame viento, ven a mí, llévame lejos, sácame de aquí. Cúrame tiempo, pasa para mí, sálvalos a ellos, sálvalos a ellos», y luego ese solo de guitarra, el saxo, la batería… Y vuelve a sonar el estribillo. Se detiene el tiempo, y eso volvió a suceder, otra vez como un déjà vu, en la misma sala tres años después.

Morgan en una de sus fotos de promoción artística.

Pero, afortunadamente, Morgan no se queda en la maravillosa voz de su capitana. La banda es un conjunto armonioso de sonidos interpretados por Paco López, a la guitarra, quien se marcó unos ‘solos’ absolutamente extraordinarios; Ekain Elorza, a la batería; David Shulthess, también a los teclados al igual que Nina de Juan; y los hermanos Willy y Gabriel Planas al bajo y percusiones, respectivamente, para completar un sexteto que se ha hecho un hueco en la música española por derecho propio.

Soy un confeso amante de los sonidos de guitarra (ahí tengo a Mark Knopfler como el auténtico maestro) y Morgan tiene unos músicos excepcionales con dichos instrumentos. Si encima una chica sencilla y divertida pone una voz como la suya, aquéllo se convierte en especial. En estos momentos mientras escribo esta crónica estoy escuchando la setlist del concierto, y ya han sonado las mencionadas ‘Alone’; ‘Sargento de hierro’; pasando por ‘River’; ‘Attempting’: ‘Blue eyes’; ‘Praying’… hasta llegar a ‘Home’, y con ella rememoro a la gente irse de un lado a otro con sus cuerpos, acompañando la cadencia de unos ritmos lentos que invitan a un bailar pegados haciendo un ‘Sergio Dalma’. Y al final, un sentido estruendo de aplausos… ¡Gracias por ésto!

Canciones de ayer y de hoy

La sensual y romántica noche continuaba a los ritmos de ‘Planet Earth’; ‘Un recuerdo y su rey’; la idolatrada ‘Sargento de hierro’; ‘Flying Peacefully’; ‘On and on’ (Wake me up); y me paro en una canción que cambió el ritmo para hacernos bailar (ahora mismo lo estoy haciendo mientras le doy a las teclas) perteneciente a su último disco: ‘Paranoid fall’, una paranoia muy relacionada con lo que llevamos viviendo en los últimos tres años.

El concierto -ya lo adelantó Nina nada más saludar de nuevo a Sevilla donde ella y la banda se sienten como en casa- fue combinando singles de sus tres álbumes de estudio editados hasta el momento. Porque Morgan es un grupo joven en ésto de la música, aunque parezca que llevan toda la vida, y sus canciones se siguieran tarareando tres décadas después. Suenan a antaño y a hoy. Los sonidos hacen que te muevas en el tiempo. Por un momento, apoyado en la barra con una cerveza, y sonando ‘Flying Peacefully’ me sentí como si estuviera en Nueva Orleans (sin haber estado allí), porque se oía jazz, soul, blues, desde el escenario. Mágico. Es Morgan esa mezcla maravillosa de estilos musicales que arranca adeptos de todas las edades.

La actuación de Morgan estuvo acompañada de una excelente puesta en escena.

‘Thank you’ es otra de las canciones de su repertorio que se adecúa a ese agradecimiento que debemos a profesionales que nos hacen vibrar con la música. Y aquí, si me permitís, quiero hacer un inciso necesario: hay personas que acuden a estos espectáculos musicales únicamente para beber, reírse y hablar con los amigos, olvidándose de que allí hay un concierto y músicos trabajando. Por favor, un respeto. Afortunadamente son los menos, pero hay que decirlo. Cierro paréntesis y concluyo volviendo a Nina. Tras ‘A kind of love’ y ‘Another road’, ya en los bises, la vocalista se marcó un antológico ‘Marry you’ (con ‘ooohhh’ de admiración por parte del público incluido) para despedir una noche memorable, en la que Morgan nos recordó que aquel 18 de enero del año innombrable no fue una casualidad. Llegaron para quedarse. Y qué suerte tuvimos los que estuvimos aquella noche y repetimos para comenzar 2023 con tan buen sabor de boca.

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